 
Febrero de 2001- Es una misión triste y difícil el distribuir unos cientos de mantas entre decenas de miles de refugiados ateridos. El personal de seguridad de Jalozai cerró las puertas del centro de reparto de mantas, dejando pasar sólo a los refugiados que tenían tarjeta de entrada. Al principio, RAWA entregó mantas a cerca de 300 hombres y mujeres sin dificultades. Pero, al darse cuenta de que no habría para todos, la muchedumbre frustrada desbordó a los guardias de seguridad y forzó la puerta. A duras penas, RAWA pudo repartir el resto de las mantas, y decidió regalar la mayoría de las que quedaban a refugiados sin cupones.
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