28 de mayo de 2001
Queridos amigos:
Recientemente he tenido el placer de pasar un mes con los activistas de RAWA en Paquistán. Con ellos visité varios sitios, incluidos campos de refugiados como Jalozai y Akora Khattak, y también lugares menos conocidos: orfanatos de RAWA, escuelas y casas donde se imparten clases. Además pude comprobar las condiciones de vida de los refugiados en ciudades como Peshawar e Islamabad.
Viajar desde EEUU, donde he vivido toda mi vida, a Paquistán fue un gran choque cultural. Toda la información que he ido acumulando a partir de lecturas, fotografías o Internet no me habían preparado para ésto.
A lo largo de toda esta experiencia, me impresionó grandemente la dedicación y la capacidad de trabajo de la gente de RAWA. A menudo se quedan trabajando por las noches o se levantan muy temprano para hacerlo. También madrugan para hacer largos viajes. Deben tener en cuenta su propia seguridad en cada tarea que acometen, normalmente incómodas y complicadas. Por ejemplo, para ir de un sitio a otro en un vehículo de RAWA, frecuentemente tienen que cambiar de coche en algún punto del camino, lo que requiere una gran coordinación y más de un conductor. Otro ejemplo, viajar por la noche no está aconsejado, pues la policía paquistaní detiene los coches que circulan a altas horas de la noche e interroga a los ocupantes. Para evitar estos interrogatorios, los activistas de RAWA no deben viajar a esas horas, aunque buena parte del trabajo se hace durante ese tiempo. Otra dificultad añadida es que en algunos casos las mujeres no pueden realizar ciertas tareas a causa del machismo de la sociedad paquistaní. Ésto añade muchos obstáculos al trabajo de una organización de mujeres y exige la colaboración de simpatizantes varones, lo que requiere esfuerzos adicionales para su coordinación. Un problema más es que los activistas de RAWA viven como refugiados en un país que no es el suyo. En Paquistán existe un sentimiento de rechazo hacia los refugiados, lo que añade más dificultades al trabajo de RAWA.
Pero a pesar de todos estos inconvenientes, y muchos otros, los miembros de RAWA están sacando adelante sus programas a base de fuerza y energía. No hay que olvidar que las actividades de RAWA dentro de Afganistán son todavía más numerosas, y los obstáculos en ese país se multiplican con respecto a los que encuentran en Paquistán. No obstante, fui informado de que, gracias a un sustancial aumento de la ayuda económica internacional durante el pasado año, el desarrollo de los programas dentro de Afganistán también se ha incrementado significativamente. Todos expresaron su esperanza de que estos proyectos siguieran creciendo e insistieron en la importancia de la gente que les ayuda desde el extranjero, y cómo éstos han sido absolutamente fundamentales para hacer este crecimiento posible a través de sus generosas donaciones.
Aunque la gente de RAWA me instaló en las mejores condiciones posibles mientras duró mi visita, pude ver la situación en la que ellos viven habitualmente. Como mínimo, podría llamarla rudimentaria. Muchos miembros de RAWA habitan en los campos de refugiados en las mismas condiciones que los demás. Otros viven en varias ciudades según les exige su trabajo. Sus viviendas son simples y sin adornos, sin cuadros en las paredes, muebles o cualquier cosa que tenga aspecto de costar algún dinero. Me dijeron que como debían cambiar de casa con frecuencia, prefieren hacerlo con el mínimo de pertenencias. Pero yo estoy seguro de que la razón primordial es que simplemente se niegan a gastar ni un céntimo en cosas que no son absolutamente necesarias. De hecho, un miembro me comentaba que odian tener que gastar ni una rupia, pues después deben dar todo tipo de explicaciones sobre el destino del dinero, y si el gasto era realmente necesario. Como podeis ver, se toman muy seriamente el mínimo desembolso de fondos, y su administrador debe responder por cada uno. Es un motivo de orgullo para RAWA el poder justificar todos sus gastos y estar seguros de que todos se han hecho por y para su trabajo. Su integridad y honradez es realmente importante, sobre todo teniendo en cuenta que buena parte de sus actividades se desarrollan en Paquistán, el segundo país más corrupto del mundo. Pero igual que toman posiciones contra las actitudes reaccionarias hacia las mujeres, también se rebelan contra la corrupción y dirigen su organización bajo las normas de moralidad más estrictas.
Este aspecto simple y carente de ornamentación se refleja también en sus programas, orfanatos, escuelas, clases a domicilio e incluso en sus viejos coches pasados de moda. Todo da la impresión de continuo sacrificio, incluida la vida que llevan sus miembros y su utilización de su tiempo y energías. Resulta evidente que su único interés está en llevar a cabo sus proyectos, en ayudar a las mujeres de su país. Sus vidas lo hacen patente, más aún que sus palabras.
No albergo ninguna duda de que esta organización representa una gran esperanza para la gente de Afganistán, especialmente de las mujeres, y nuestro apoyo, tanto económico como moral, se traduce en experiencias que renuevan las vidas de viudas, huérfanos y mujeres oprimidas de este país. Considerando la imperiosa necesidad del trabajo que enfrenta RAWA, éste es un momento crucial para todos los que les apoyamos, no sólo para que continuemos con nuestra ayuda, sino para que la aumentemos en lo posible. Es muy difícil poner en palabras el agradecimiento que todos los miembros de RAWA nos han hecho sentir por nuestros esfuerzos en ayudarles. Permitidnos continuar así, y con un poco de suerte, pronto veremos grandes cambios positivos que posibiliten a las mujeres afganas el vivir en una situación mucho más feliz.
Afectuosamente,
Steve Penners
Presidente de AWM